Las mujeres de la Bauhaus

Sobre el libro de Josenia Hervás y Heras
Por ELSA GUERRA, arquitecta

Diseño del modelo de silla tubular LR120: Lily Reich, 1932

Alma Buscher, Friedl Dicker, Wera Meyer-Waldeck, Marianne Brandt, Lucia Moholy-Nagy, Lilly Reich. Son algunos de los nombres de las mujeres que vemos en las fotografías de la Bauhaus. Esa Escuela mítica cuya historia y producción siguen siendo una constante fuente de inspiración para el diseño industrial, las artes gráficas y la arquitectura. En el lapso de apenas catorce años, entre 1919 y 1933, y en tres localizaciones sucesivas, Weimar, Dessau y Berlín, la Bauhaus desarrolló no solamente una metodología innovadora de aprendizaje, sino que creó y construyó una producción ingente que abarca desde el diseño industrial a la arquitectura, legando una de las mejores expresiones del Movimiento Moderno. Hasta ahora, dicha experiencia ha estado ligada a un importante grupo de profesionales reconocidos, entre los que destacan Walter Gropius y Mies van der Rohe, dos de sus directores e impulsores, y otros muchos como Ludwig Hilberseimer, László Moholy-Nagy, Wassily Kandinsky, Hannes Meyer o Paul Klee. Y si bien, en la mayoría de las imágenes que atestiguan su historia puede verse a diversas mujeres, no se citaban sus nombres, interpretándose su presencia al menos ambiguamente, a modo de acompañantes o tal vez ‘musas’.

  Portada del libro y Fotografía de la autora con breve CV.

Pues bien, la investigación elaborada por Josenia Hervás, primero como tema de tesis doctoral y posteriormente publicada por la Editorial Destino de Buenos Aires  nos descubre ‘otra’ Bauhaus, en la que cuentan muchos nombres femeninos, incluyendo profesionales con trayectorias y producción de alta calidad. Sin duda se trata de una Bauhaus más completa y rica, en tanto que animada por sensibilidades y esfuerzos diversos. Una experiencia inclusiva y plural, que engrandece su ya refulgente estrella, y aporta un valor adicional a todos y todas las que participaron en esa singular experiencia, permitiendo apreciar y entender mejor sus afanes y logros. Pero además de rescatar un magnífico conjunto de nombres de mujeres para la historia, Hervás desvela cómo la participación femenina es intrínseca a la propia ‘idea Bauhaus’. Tal como señala la autora: “En lo más íntimo de esta idea e indisoluble a ella, están las mujeres que participaron en la Escuela. Nunca la Bauhaus podrá disociarse de esta participación femenina. Es más, sin ella, la Bauhaus no habría llegado a ser lo que fue y jamás hubiese constituido esta potente idea”.

El libro no solamente presenta el marco teórico oficial sino que se adentra en la problemática interna y de contexto de la Escuela, accede a sus clases, indaga en sus programas, recrea sus actividades lúdicas, expone sus problemas de financiación, así como las dificultades de relación con la vecindad de las ciudades donde se localizó.

La Escuela Bauhaus se forja en un momento cargado de futuro que dirige a la juventud, mujeres y hombres, a construir un mundo nuevo, el mundo moderno. La República de Weimar aportó los mimbres iniciales, abriendo por primera vez a las mujeres todas las puertas de la enseñanza. Y los centros de artes aplicadas constituyeron su precedente más cercano, lo que si por una parte contribuyó a la inclusión femenina desde los comienzos de la iniciativa, ofreció también una referencia mermada de las capacidades de las mujeres, que cuando convino se utilizó como argumento.

Juego de piezas de construcción “Ein Schiff”. Alma Siedhoff Buscher, 1923

En ese marco la Escuela se abrió animando a la participación de todas y todos, contando en su primer año de funcionamiento con la matriculación de 84 mujeres y 79 hombres. Condición que se mantuvo siempre en los planteamientos generales de la Escuela, expresados fundamentalmente en sus folletos de difusión, como el de 1929, cuando la dirigía Hannes Meyer, donde reza: “¿Estás buscando la verdadera igualdad como mujer estudiante?“. De este modo, a lo largo de su corta aunque intensa experiencia, la Escuela Bauhaus constituyó un mundo de creación colectivo mixto, de cuya vivencia dan fe múltiples testimonios.

Al entrar a cada taller, conocer cada dibujo y equipo de trabajo, la autora va descubriendo una a una, hasta más de cincuenta nombre propios que corresponden a alumnas, profesoras, impulsoras de la novedosa y experimental producción artística Bauhaus y autoras de diseños de tejidos, mobiliario, utensilios diversos, fotografía y arquitectura. De entre las mujeres citadas, un importante grupo presenta un perfil profesional muy destacado. Como Gunta Stölz, alumna y tras su graduación maestra de Taller textil, en la etapa de Dessau; Hilde Reiss, arquitecta que posteriormente emigró a Estados Unidos; Anne Marie Wilke, arquitecta, que trabajó en diversos proyectos, en particular en el estudio de Hilberseimer; Lou Berkenkamp Sheper, pintora mural e ilustradora, que posteriormente colaboró en diversas obras de arquitectura, como la Filarmónica de Hans Sharoun; o Maria Müller, arquitecta. Si bien, los nombres quizá más destacados son los enunciados al inicio de este artículo. Alma Buscher, de cuya producción destacan los juguetes y muebles para niños; Friedl Dicker, diseñadora y arquitecta, que ejerció en Viena  en colaboración con Franz Singer; Wera Meyer-Waldeck, estudiante de carpintería y posteriormente arquitecta, graduada en 1932. Autora de diversos proyectos y edificios reconocidos; Marianne Brandt, artista, pintora y diseñadora de metal; Lucia Moholy-Nagy, fotógrafa, en particular de los edificios de la Bauhaus, en la actualidad ampliamente reconocida; Lilly Reich, diseñadora y decoradora, dirigió la exposición de la Deutsche Werkbund en 1914, y posteriormente colaboró con Mies van der Rohe en diversos proyectos, como el Pabellón de Barcelona y el Café de Seda y Terciopelo, así como en diversas piezas de mobiliario (todos los muebles de Mies pertenecen a ese periodo de colaboración).

Ahora bien, la integración de las mujeres en la Bauhaus no estuvo exenta de problemas, como expone detalladamente el trabajo de Josenia Hervás. Tanto su rol como sus capacidades comportaron multitud de contradicciones y controversias. Desde la que apuntaba a la posible menor capacidad de las mujeres para el trabajo de tres dimensiones y la conveniencia de limitar su ámbito al de los tejidos o similar, hasta el velo que ha envuelto a aquellas que colaboraron estrechamente o mantuvieron otro tipo de vínculos personales con figuras masculinas relevantes a las que, hasta ahora, se adjudicó en solitario la autoría de trabajos elaborados conjuntamente. Fueron muchas las mujeres que renunciaron a su inicial intención de formarse como arquitectas, si bien en muchos casos desarrollaron una producción de gran interés en el campo del diseño textil, el diseño industrial o las artes gráficas. Pero hubo un importante grupo que consiguió sortear las dificultades añadidas y superar el ámbito bidimensional para acceder a la creación del ‘espacio total’. Arquitectas, que ahora conocemos por sus nombres, además de la referencia de sus trabajos, así como su particular devenir.

“De izquierda a derecha: Josef Albers, Marcel Breuer, Gunta Stölzl, Oscar Schlemmer, Wassily Kandinsky, Walter Gropius, Herbert Bayer, Lucía Moholy-Nagy y Hinnerk Sheper. Es probable que la imagen fuese realizada por László Moholy-Nagy.” Fotografía Las mujeres de la Bauhaus” en página 189:

Una de las vías más fructíferas y, en mi opinión, más acertadas, de contribuir a alcanzar la igualdad es la que se plantea como objetivo la mejora de la visibilidad de las mujeres y de su producción. No solamente con atención al presente sino, y tal vez con más énfasis, hacia el pasado. Porque el presente y el futuro precisan referentes y la historia de las mujeres no se ha contado. En el campo de la Arquitectura y la Ciudad son muchas las iniciativas en marcha en este sentido, desde el International Archive of Women in Architecture, el Blog Un Día Una Arquitecta o las Editatonas o maratones de edición y creación de entradas a Wikipedia relacionadas con mujeres. Para las arquitectas -y creo que también para los arquitectos- estas iniciativas constituyen una fuente de emoción constante, también de desasosiego. Nos presentan la evidencia de que lo que creímos conocer, no se contó completamente, no se contó adecuadamente y por tanto, nuestros referentes pudieron ser otros, y nunca sabremos lo que eso habría significado.

El libro de Josenia Hervás, Las Mujeres de la Bauhaus: de lo bidimensional al espacio total, (2015), constituye una aportación imprescindible a la reconstrucción de la historia de la arquitectura. Para mí fue además un regalo muy especial.
   Estudiantes de la Bauhaus. Lux Feininger, 1927
    “Tras la clausura de la escuela Bauhaus en Berlín, los alumnos (y alumnas) se reúnen con sus pertenencias en el patio”. Fotografía del libro “Las mujeres de la Bauhaus” en página 274:   

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