Ideas sobre rehabilitación arquitectónica

Por Federico García Barba

El territorio histórico como palimpsesto proyectual. Appia Antica, Fabrizio Toppeti, 2015

Cuando una gran parte de las ciudades que habitamos en los países desarrollados ha sido ya construida, las transformaciones urbanas que actualizan lo existente y buscan reformar las fábricas antiguas se presenta como un objetivo insoslayable hacia el futuro. La rehabilitación de la edificación heredada se ha convertido así en una de las tareas más importantes de la arquitectura contemporánea, ocupando un papel cada vez más preponderante en muchos lugares.

Pero, desde hace siglo y medio, cuando empezó a considerarse que la preservación de la arquitectura del pasado era algo importante como manifestación de unos orígenes culturales respetables y valiosos, el tratamiento de las partes vetustas de la ciudad y las arquitecturas más antiguas se balancea entre dos visiones antagónicas y extremas: la conservación tal cual de esas reliquias heredadas y su reconstrucción radical en clave contemporánea.

 

Arcada Gótica. Dibujo de John Ruskin incluido en The Stones of Venice. 1853

Para aquellos que estudian la historia como conjunto de manifestaciones de un pasado glorioso -y, en cierta medida, mítico- la conservación de la arquitectura que permanece se entiende que es una tarea que se establece desde la premisa del respeto a las ideas compositivas, los estilos formales y la tecnología constructiva que les dieron origen. Por el contrario, aquellos que se enfrentan a esos restos del pasado desde la contemporaneidad estricta consideran esas presencias como una manifestación más de las condiciones del entorno sobre el que pretenden actuar, unos materiales que tienen un valor siempre relativo y cambiante como el paisaje circundante o las tecnologías disponibles. Mientras los primeros pueden tacharse de conservadores y retrógrados, a los segundos se les descalifica como ignorantes o irrespetuosos. Ambos tiene sus razones.

Dos personajes del siglo XIX, John Ruskin y Eugene Viollet Le Duc, pueden servir de ejemplo para representar esas dos visiones arquitectónicas contrapuestas y antagónicas en la actuación sobre los edificios históricos. Los suyos son argumentos que persiguen de una manera recurrente a los arquitectos que trabajan en la arquitectura heredada del pasado desde que las élites ilustradas del siglo XIX decidieran salvaguardar los edificios representativos de épocas culturales anteriores.

El británico John Ruskin nos propuso una postura escorada hacia una visión más conservacionista de la arquitectura. Es una idea de relación con los edificios que pretende ser respetuosa con las glorias y logros arquitectónicos que nos han llegado desde épocas pretéritas. Su tremenda admiración por la presencia urbana de la historia en la ciudad lacustre de Venecia, sus espacios y las arquitecturas de diversas épocas y estilos que los componen, le llevaron a realizar una de las obras que mejor explican aquella urbe singular: “The stones of Venice“.

Para Ruskin, la verdad histórica es más importante que el falseamiento de las ruinas. Por ello, argumenta su posiciones a favor de mantener la autenticidad de los edificios antiguos; tal cual, así sean los escombros de un tiempo de mayor exquisitez. De esa manera induce a una radical “no restauración”.

En “The seven lamps of architecture” de 1848, Ruskin nos advierte:

Cuidad de vuestros monumentos y no tendréis necesidad de restaurarlos. Hacedlo con ternura y respeto, vigilancia incesante y más de una generación nacerá y desaparecerá a la sombra de sus muros. Pero su última hora, al fin, sonará; y que suene abierta y francamente, sin que ninguna sustitución deshonorable y falsa lo prive de de los deberes fúnebres del recuerdo.

Un continuador de los conceptos ruskinianos que amplía su ámbito de visión a la ciudad en su conjunto ha sido el arquitecto vienés Otto Wagner. En 1912 escribe su “Die Qualität das Baukunstlers” donde expresa que

Los monumentos arquitectónicos no han de ser restaurados sino preservados, pero cuando son útiles para programas actuales y requieran adaptaciones y/o añadidos, estos deben ser ejecutados con contenido artístico que participe del estilo contemporáneo”.

 Una forma de entender la actuación sobre lo histórico que le da pie a Wagner para proponer una idea de ciudad racional pensada para la reconstrucción de algunas partes significativas de Viena como el Ring, desde conceptos formales como la circulación segregada, la visión perspectiva y el orden jerarquizado del viario. Mientras tanto, para él, la parte antigua de la ciudad debe conservar en sus espacios comunes su estética medieval pintoresca y delicada, poniendo especial énfasis en la percepción irregular de las relaciones entre los objetos construidos que se han ido acumulando allí durante siglos.

Propuesta de Monumento a la Cultura. Perspectiva a la acuarela de Otto Wagner, 1871

Por el contrario, Viollet le Duc era partidario de intervenir profundamente en los edificios monumentales que han permanecido en pie. Viollet concebía la restauración como una manera de terminar los edificios aspirando a completar su forma mediante el uso de aquellos patrones estilísticos identificables y presentes ya en los mismos:

En su Dictionnaire raisonne d’Architecture Française, publicado en 1869 dice expresamente:

Restaurar un edificio no significa conservarlo, repararlo o rehacerlo, sino obtener su completa forma prístina, incluso aunque nunca hubiera sido así.

Es lo que luego se ha llamado “Reconstrucción en Estilo“. Algo que tiene que ver con el motu romántico de un pasado idealizado y mitificado en extremo que conviene rescatar, pulir y completar. Las obras de la Edad Media, aquellos edificios provenientes de las épocas románica y gótica (especialmente, ésta última arquitectura), serían para Viollet el campo preferido de actuación en los que intervenir para completar lo ya realizado.

El problema histórico que plantea Viollet le Duc, se presenta cuando esos conceptos inspirados en las grandes piezas monumentales de Francia, el castillo de Pierrefonds, la Sainte Chapelle y la catedral de Notre Dame de Paris por ejemplo, pretenden transponerse a la gran masa edificada. Si bien el gran arquitecto francés actuó desde un lirismo y una calidad formal innegable muchos de sus epígonos han caído en la caricatura de esos pasados gloriosos que dicen reverenciar. Como reflejan también y de alguna manera las gárgolas añadidas por él al templo de Notre Dame entre 1845 y 1870.

Las ideas de Viollet siempre han tenido un gran predicamento entre aquellos que conciben la ciudad antigua como un gran museo que debe conservarse y mejorarse constantemente. La presencia física y real del pasado en el presente es la materia prima de trabajo para aquellos que aman esos tiempos de perfección lejana, percibida tras la bruma de los siglos. Es un objetivo prioritario para historiadores, arquitectos y artistas que estudian y reverencian esos momentos culturales idealizados que constituyen el fundamento de nuestra cultura material.

Patio del castillo de Pierrefonds tras las diversas reconstrucciones realizadas Viollet le Duc entre 1857 y 1875

Respecto a este debate entre conservación y reconstrucción, y volviendo hacia atrás, conviene recordar a Gian Battista Nolli y aquel magnífico plano de Roma que dibujaría ayudado por Piranesi a lo largo de varias décadas del siglo XVIII. Fue la expresión final de aquel inmenso esfuerzo de los diversos anticuarios que, como Fabio Calvo, Pirro Ligorio y muchos otros, se propusieron desde principios del siglo XVI rescatar del olvido las joyas arquitectónicas semiderruidas o enterradas que puntúan la ciudad del Tiber.

La “Nuova pianta di Roma“, finalizada en 1748, nos presenta la primera imagen rigurosa de aquella ciudad y sus edificios más representativos,. El mapa de Nolli usa la técnica de reflejar la figura de los monumentos y espacios relevantes destacados sobre el monótono e indiferenciado fondo de la edificación convencional. Las plantas de plazas, iglesias, palacios, atrios de acceso y patios ajardinados se destacan allí de una manera fidedigna mientras que para representar el resto de la masa edificada se utiliza la técnica del poché o rayado indiferenciado. 

La ciudad del Vaticano. Lámina de la Nuova pianta di Roma de Gian Battista Nolli, 1748

De alguna manera, Nolli nos señala que lo verdaderamente explicativo del carácter de una ciudad está inscrito en sus monumentos más significados. La parte rayada de la ciudad representa para él aquello cuya importancia es relativa y puede sustituirse sin que se pierda realmente el carácter identitario del lugar. La relación de la figura con el fondo de la ciudad establece así el límite de las transformaciones de aquello que es adaptable y posiblemente sujeto a reforma y sustitución sin que se produzca merma en el valor urbano intrínseco. Por ello, también, el espacio público como fondo indiferenciado también aparece como sujeto al cambio permanente ligado al uso que de él realizan sus habitantes y con la sola limitación que establecen las densidades edificadas, las formas privadas de propiedad y ocupación, la circulación y el comercio.

La idea de restauración de Camilo Boito en acción. Reconstrucción de la Porta Ticinese de Milán. 1865

Gracias a los italianos Camillo Boito y Gustavo Giovannoni, que propusieron la tesis del “Restauro Científico“, se pasó a una idea de la actuación en la edificación heredada que trata de superar la dicotomía entre reliquia y falsa reconstrucción derivada de Ruskin y Viollet. Para Boito había que denunciar e impedir el “falso histórico“. Es decir, la terminación de los edificios utilizando sus técnicas constructivas, estilo formal y elementos compositivos. Por el contrario, los añadidos no originales debería eliminarse de los edificios y el reconocimiento cuidadoso y preciso de lo existente pasa a ser la base de ese “Restauro Científico” que se propugna. Boito defiende la valoración de lo que se certifica como original y propugna su exclusiva consolidación, conduciendo con ello a una idea museística de los monumentos y la ciudad que acaba condenándolos a su mantenimiento como una foto fija en el tiempo.

Son ideas que amparan en cierta medida la reconstrucción de las arquitecturas desaparecidas en situaciones extremas. En caso contrario, no podríamos disfrutar hoy del Campanile de Venecia. Un monumento esencial para comprender el espacio urbano de la Piazza di San Marco que colapsó en 1902 como consecuencia de un fallo masivo en su estructura convirtiéndose en una pila informe de los ladrillos que lo componían.

Giovannoni amplía esta visión conservacionista superadora de la idea de las obras de arquitectura heredadas como “Monumento Artístico” para integrar su consideración en un ambiente determinado: es el “Conjunto o Monumento Histórico”. El ambiente como forma de tratamiento de la ciudad histórica en Giovannoni, es una estrategia que amplía el campo de visión sobre este tema que considera indisoluble la relación entre el edificio y su espacio más cercano. Y en la cual, no solo se debe actuar conservando y consolidando los principales monumentos reconocidos, sino considerar el entorno urbano en su conjunto como marco escenográfico que da soporte a una percepción determinada. Las ideas de Giovannoni quedan plasmadas de alguna manera sintética en la “Carta del Restauro” que promulga el Consiglio Superiore delle Antichità e Belle Arti en 1932.

Dibujo a la acuarela preparatorio para la restauración del Mirhab de la Mezquita de Córdoba. Ricardo Velázquez Bosco, 1915

Estas visiones culturales de la rehabilitación arquitectónica han tenido su eco en nuestro país, naturalmente. Las aportaciones de insignes personajes como Ricardo Velázquez Bosco y Leopoldo Torres Balbás merecerían un reconocimiento mayor a este respecto. Velázquez Bosco fue un violletiano convencido que tuvo enormes responsabilidades en la restauración monumental de importantes edificios españoles en su condición de arquitecto del Ministerio de Fomento. A su cargo estuvieron complejos arquitectónicos como la Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdoba. Fueron tiempos de duro trabajo los que durante una quincena de años -a comienzos del siglo XX- le llevaron a recuperar el carácter islámico del edificio eliminando numerosos añadidos. Y, al mismo tiempo documentando de una manera fidedigna lo que en esos complejos urbanos se encontró incluyendo incongruencias aportadas en diversas épocas y desde diversos estilos. Sus dibujos explicativos del carácter constructivo de ese monumento de la cultura universal que es la Mezquita Catedral de Córdoba tienen una exquisitez y precisión que ya les gustaría a tantos dibujantes de CAD de nuestros días.

Torres Balbás siguió la huella dejada por Velázquez Bosco y es considerado uno de los inspiradores intelectuales de la legislación protectora del patrimonio histórico español. Este arquitecto se planteó una tarea colosal: la de documentar gran parte de la herencia histórica construida y conservada en nuestro país. Ese esfuerzo le llevó a publicar una ingente bibliografía que procura ejercer de transmisora de su interés por tipo de obras y arquitecturas, desde las monumentales y brillantes hasta las más modestas expresiones de las tradiciones populares. Balbás siempre mostró una postura inquebrantable hacia la exposición de lo realmente auténtico huyendo de falsas mistificaciones estilísticas. Este autor dedicó una parte de su carrera a intervenir en la recuperación del recinto monumental de la Alhambra de Granada. En 1923 fue nombrado conservador de la misma y, a partir de entonces y hasta 1936, haría numerosas intervenciones de restauración allí.

Ambos fueron miembros de las Reales Academias Españolas, de Bellas Artes y de Historia respectivamente, dedicando un tiempo valioso a la difusión del conocimiento acumulado relacionado con las ciudades y aquellas arquitecturas heredadas que configura la patente idiosincrasia espacial de España. Levantamiento de la planta de la Torre de la Vela en la Alhambra de Granada. Leopoldo Torres Balbás hacia 1930.

La manera en que estos arquitectos se enfrentaron a los restos del pasado fue una forma de entender las partes antiguas de las ciudades y las arquitecturas monumentales como bienes colectivos intangibles que tienen un valor más allá de lo práctico. Una visión admirativa que ha dado origen a toda una generación de leyes conservadoras y de protección del patrimonio histórico. En efecto, lo que se ha producido en España desde 1933 con la promulgación por la Republica Española de la ley relativa al Tesoro Artístico Nacional; y, más recientemente, con la del Patrimonio Histórico Español de 1985 tiene impreso indeleblemente ese matiz conservacionista de la ciudad antigua como obra de arte colectiva que debe preservarse a cualquier precio. Es lo que se señala en el preámbulo de ésta última cuando se expresa que

El Patrimonio Histórico Español es el principal testigo de la contribución histórica de los españoles a la civilización universal y de su capacidad creativa contemporánea. La protección y el enriquecimiento de los bienes que lo integran constituyen obligaciones fundamentales que vinculan a todos los poderes públicos.

Una protección que se extiende a los monumentos pero que introduce también la idea del Conjunto Histórico en su artículo 15 como

Agrupación de bienes inmuebles que forman una unidad de asentamiento, continua, discontinua o dispersa, condicionada por una estructura física representativa de la evolución de una comunidad humana por ser testimonio de su cultura, o constituir un valor de uso y disfrute para la colectividad.

Una definición amplia y problemática que extiende la visión protectora a extensas zonas urbanas por el mero hecho de ser antiguas, más allá de su consideración artística, etnográfica o histórica precisa. Es esa manera de entender la ciudad como una muestra de la cultura material que conviene mantener en lo estabilizado en un momento temporal concreto. Esta idea finalista de concebir el espacio heredado es lo que, por contra, está originando numerosos problemas para garantizar su permanencia y viabilidad en el tiempo.

Pero esa ley aun va más allá en su afán conservador cuando señala en su artículo 39 que

Los poderes públicos procurarán por todos los medios de la técnica la conservación. consolidación y mejora de los bienes declarados de interés cultural. En el caos de los bienes inmuebles, las actuaciones irán encaminadas a su conservación, consolidación y rehabilitación y evitarán los intentos de reconstrucción, salvo cuando se utilicen partes originales de los mismos y pueda probarse si autenticidad. Si se añadiesen materiales o partes indispensables para su estabilidad o mantenimiento, las adiciones deberán ser reconocibles y evitar las confusiones miméticas.

De la lectura de este texto legal se desprende el énfasis en la conservación monumental. Un regusto por la preservación radical de la arquitectura que nos ha legado el pasado y desde el que los añadidos siempre deben considerarse una excepción a evitar. Lo vidrioso del asunto se produce cuando esa visión conservadora se traslada a toda la edificación antigua, incluso aquella de carácter tradicional y popular. Mientras para Nolli no tenía ningún valor para la identificación de la ciudad histórica, para Giovannoni era esencial para entender la arquitectura monumental en su contexto. En todo caso, para éste último tendría un carácter escenográfico y meramente testimonial.

Propuesta para la reconfiguración radical del margen derecha del Sena en Paris. Plan Voisin, Le Corbusier. 1925

Es destacable que en esos tiempos convulsos del primer tercio del siglo XX, otros mantenían posiciones de una radicalidad inusitada frente a la historia urbana y la ciudad heredada. Eran los que inspirados en presupuestos revolucionarios de la vanguardia pretendían un cambio radical en las condiciones de vida de la humanidad. Se trataba de construir una nueva forma de relación con el medio, con la ciudad y el territorio comenzando casi desde cero. Le Corbusier -y tras él otros muchos-todos aquellos simpatizantes del Movimiento Moderno- dieron a la arquitectura anterior un valor relativo. En el mejor de los casos, consideraron a las grandes obras monumentales presentes en las ciudades como piezas aisladas que convenía rodear y aislar para permitir el despliegue sin cortapisas de los ideales urbanos propugnados en la Carta de Atenas. La sustitución de los tejidos compactos y la aplicación de tramas funcionales más racionales, etc. era el objetivo a cumplir por la ciudad contemporánea. Es lo que ejemplifica el Plan Voisin, su propuesta presentada en 1925 para la modernización de Paris. Allí se presentan las tramas históricas y los monumentos del pasado como estorbos para el despliegue de la ideal ciudad maquinista futura.

A lo largo del siglo XX la polémica entre conservacionistas y renovadores se ido polarizando de una manera extremadamente virulenta. Así, mientras tras la 2ª Guerra Mundial, la mayoría del gremio de arquitectos y urbanistas se concentró en atender la organización del crecimiento y de la expansión de las ciudades, las partes antiguas y monumentales se sometían a lentos e intensos procesos de restauración y/o de reconstrucción en estilo. Como ejemplifica la parte vieja de Varsovia.

   Clasificación de los aparejos murarios. Identificación del detalle constructivo existente., incluido en el Manuale dil Recupero de Cervara publicado por el Comune y la Provincia di Roma. 2012

Hoy en día, tras la influyente contribución teórica que supuso el libro “L’architettura de la cittá“, de Aldo Rossi, se ha aceptado la indisoluble relación entre monumento y ciudad histórica. También que su conservación integral es un esfuerzo utópico que no se corresponde con los procesos habituales de transformación del espacio urbano a través de las épocas. Para Rossi lo esencial es el esclarecimiento de las invariantes que definen la cualidad específica de un espacio urbano determinado. Entre ellas, la estructura viaria formada por el tejido residencial en el que se insertan los monumentos. También, la identificación de los elementos tipológicos característicos que se han ido definiendo: las formas de habitación particulares de cada sitio. Elementos fundamentales que establecen las pautas de conformación identificable para la ciudad heredada. Son esos elementos y no otros los que conviene valorar para establecer una forma de inserción contemporánea en el espacio antiguo desde el respeto y el conocimiento, sin caer en la sobrevaloración de los elementos estilísticos del pasado. Para Rossi, solo así se podrá conservar y, al mismo tiempo, rehabitar el espacio antiguo desde las claves del momento actual. Es la ideología urbanística que surge de la generación de planes italianos de los 70 que, tras el de Bolonia, actúan sobre la base de la identificación de esos patrones arquitectónicos y de estructura que definen la cultura de una ciudad.

Posteriormente, algunos han insistido en la valoración formal y se esfuerzan -siempre en Italia y en la tradición de Viollet- por la realización de una intervención de recuperación de los núcleos antiguos desde la perspectiva de entender también sus elementos arquitectónicos y constructivos tradicionales. Es la teoría del llamado “ripristino“. Una tendencia hacia la cualificación de lo existente y la recreación extrema  de los “cuadros de vida” o escenarios tradicionales que se ha expresado en los diversos “Manuali del recupero” producidos en las últimas décadas para numerosas ciudades. La aplicación de estos instrumentos ha conducido a la erradicación práctica de la arquitectura contemporánea de la escenografía urbana de las ciudades tradicionales italianas contribuyendo así a esa tendencia contemporánea a transformar los espacios urbanos más antiguos de las ciudades en una forma de tematización de la historia como recurso al servicio exclusivo del turismo.

Teatro del Mondo. Acuarela de Aldo Rossi para su proyecto realizado durante la Bienal de Venecia de 1979-1980

En España, por el contrario, se ha apostado por una visión más ecléctica y abierta en la actuación sobre monumentos, fábricas urbanas antiguas y conjuntos históricos. Es lo que Antón Capitel ha ido difundiendo y precisando como “restauración analógica” desde la primera publicación en 1988 de su libro “Metamorfosis de monumentos y teoría de la restauración“. Se trata de constatar y aceptar que cada época se expresa de una manera culturalmente diferente, resultado de los condicionantes sociales, culturales y económicos, así como del desarrollo tecnológico. Por ello, muchos monumentos arquitectónicos son el resultado de sucesivas adiciones y estilemas procedentes de técnicas y épocas ciertamente diferenciadas. Algo así como un devenir en el que se inscriben con naturalidad los distintas artistas que han intervenido allí a lo largo de los siglos. La ciudad contemporánea es el resultado de estos procesos de acumulación de edificios y espacios de diversos períodos y tiempos a los cuales se puede y se debe insertar si mayor problema formal la arquitectura de nuestro tiempo. Sea cual fuere su expresión construida. Lo que debe de controlarse son los excesos especulativos como garantía de una homogeneidad volumétrica del conjunto.

Para Capitel, la intervención en los monumentos artísticos reconocidos requiere de técnicas específicas que inducen al trabajo sobre la base de los elementos históricos presentes, a veces pertenecientes a muy diversas situaciones que han ido conformando una unidad que ha llegado a nuestros días. Sin embargo, cuando la actualización de usos se hace precisa en cualquier caso, el método no debe ser la copia de aquello que allí se ha encontrado sino el dialogo respetuoso con esos elementos presentes. La analogía surge así como una respuesta aceptable en cuanto que evoca algunas configuraciones ya presentes en los edificios. Elementos que pueden sintetizarse en formas geométricas similares o sistemas constructivos renovados y que en la evocación del pasado establecen un dialogo que debe ser enriquecedor..

En definitiva, la intervención arquitectónica orientada a la rehabilitación y la restauración es una materia espinosa. Una disciplina poco desarrollada todavía y que desgraciadamente está teñida por la pátina que el tiempo ha ido depositando en los edificios. Y, también, proclive a la consideración de lo acostumbrado como algo valioso en sí mismo. Para muchos cualquier construcción puede considerarse como una obra de arte evidenciando el carácter fetichista al que tiende lo antiguo. Argumentos éstos de una endeblez manifiesta e irracional.

Para el gran filosofo alemán Theodor Adorno, el tiempo transcurrido no es ningún argumento. En su “Äestetische Theorie” de 1970, lo expresa con rotundidad:

No hay que negar abstractamente la tradición, sino criticarla desde una actitud no simplista a partir del estado actual de las cosas: tal es la forma en que el presente continúa en el pasado. Nada debe ser aceptado sin reparos solo porque exista y porque alguna vez haya tenido algún valor, pero nada tampoco carece de él porque haya pasado: el tiempo solo no es criterio ninguno.

Y más adelante:

Ha llegado a ser evidente que nada referente al arte es evidente; ni en él mismo, ni en su relación con la totalidad, ni siquiera en su derecho a la existencia.

Por ello, la recurrente polémica entre conservación de lo antiguo y prevalencia radical de lo moderno es un debate estéril. Depende de la formación del gusto en cada cual. Algunos dan más valor a las presencias históricas como restos de un pasado idealizado mientras otros consideran imperdonable no trabajar con las claves que definen en cada momento la contemporaneidad.


   Plantas de edificios y ciudades de distintas épocas históricas. La Ciudad Collage imaginada por Colin Rowe, 1984

Más información:

ADORNO, Theodor
Äestetische Theorie. 1970
Teoría estética
Traducción española, Taurus. Madrid, .1992

CAPITEL, Antón
Metamorfosis de monumentos y teoría de la restauración
Alianza Forma. Madrid, 1988. 2009

NOLLI, Gian Battista
Nuova pianta di Roma, 1748

ROSSI, Aldo
L’architettura de la citta. 1988
La arquitectura de la ciudad
Traducción española, Gustavo Gili. Barcelona, 1992

VIOLLET LE DUC, Eugene Enmanuel
Dictionnaire raisonne d’Architecture Française
Paris, 1869

RUSKIN, John
T
he stones of Venice.
Las piedras de Venecia
Versión PDF en Archive.org

RUSKIN, John
The seven lamps of Architecture
Las siete lámparas de la Arquitectura

WAGNER, Otto
Die Qualität das Baukunstlers
La calidad de los constructores
Citado por Busquets Juan en Rehabilitación urbana. Evolución de su contenido e influencia práctica
Ayuntamiento de Las Palmas. Las Palmas de Gran Canaria, 2002

 

 

1 comment to Ideas sobre rehabilitación arquitectónica

  • Muy interesante el artículo. Un momento difícil en el que nos movemos, donde no sólo existen unas condiciones económicas particulares sino que también ha nacido un entorno tecnológico que no sabemos qué dirección tomará.

Deja una respuesta a Javier Cancelar

  

  

  

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>